Hoy en día viven en el mundo más de 32 millones de pacientes con cancer y según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el número de nuevos casos seguirá aumentando a pesar de todo el dinero que se está invirtiendo para combatirlo.
efectos secundarios más frecuentes en la quimioterapia tradicional encontramos:
- Fatiga
- Dolor de cabeza, muscular, estomacal,...
- Náuseas y vómitos
- Diarrea
- Úlceras en boca y garganta
- Efectos en el sistema nervioso
- Disfunción cognitiva
Durante los últimos años se han realizado numeroso estudios en los que se ha demostrado lo beneficioso de realizar actividad física, ya sea como método preventivo o como recomendación durante el tratamiento del cáncer. Uno de los beneficios del ejercicio físico durante la quimioterapia es que nos ayudará a mejorar la sensación de bienestar reduciendo la fatiga y mejorando los niveles de energía, fortaleciendo los músculos reduciendo el dolor, mejorará el sueño y el apetito y nos ayudará a controlar la ansiedad y el estado de ánimo.
Antes de comenzar un programa de actividad física será indispensable consultarlo con el médico y una vez dado el visto bueno, ponerse en manos de un profesional de la actividad física.
En primer lugar, a la hora de programar una rutina de ejercicio físico, debemos tener en cuenta que durante las siguientes 24/48 horas después de la quimioterapia no es aconsejable que el paciente realice grandes esfuerzos por lo que habrá que respetar esos días de descanso. Una vez pasados estos días y siempre que el paciente se encuentre en un estado óptimo para la realización de ejercicio físico, comenzaremos un plan basado en el trabajo de fuerza y resistencia aeróbica, alternando con trabajo de flexibilidad.
Durante las fases iniciales de tratamiento, caminar es una modalidad muy beneficiosa por su baja sobrecarga en articulaciones y por estimular gran cantidad de músculos del cuerpo. Pero sin duda, cabe destacar la importancia del trabajo de fuerza durante el tratamiento de quimioterapia. Con el trabajo de fuerza vamos a conseguir evitar que nuestros niveles de fuerza decaigan y, por consiguiente, que disminuya de manera considerable nuestra masa muscular llegando a sufrir sarcopenia (disminución de la masa muscular llegando a niveles que no son saludables).
En pacientes sarcopénicos se ha observado que no llegan a acabar el tratamiento de quimioterapia con las dosis marcadas desde el inicio al presentar mayor toxicidad y por tanto, deben bajar la dósis siendo el tratamiento menos efectivo. Por el contrario, aquellos pacientes no sarcopénicos tuvieron mayor tasa de éxito ya que recibieron el tratamiento de manera pautada.
El gran dilema viene cuándo tenemos que marcar qué modalidad e intensidad de ejercicio terapeutico debemos elegir para que el paciente consiga los beneficios señalados. Es aquí donde el profesional de la actividad física y del deporte tiene que demostrar sus conocimientos y realizar un trabajo individualizado teniendo en cuenta factores como el estado de la enfermedad, su experiencia deportiva, su percepción del esfuerzo,...
Dicho todo esto, aconsejar a toda la gente que sufre dicha enfermedad a que se anime a realizar actividad física si aún no lo hace, pero eso sí, siempre consultando con su médico especialista y siempre realizando las actividades bajo la supervisión de un profesional.

